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domingo, 10 de septiembre de 2006

SUMI-E La magía de los pinceles























Posted by Picasa
















La vida es como una obra de arte, que sin bosquejo, ni borrador alguno, realizamos cada uno de nosotros, no se puede rectificar, ni borrar, ni volver atrás... Hay que improvisar, hay que ser cautos, hay que lanzarse y, aveces, hay que dar un paso atras que libere un espacio en el que sucedan cosas, o bien hay que no hacer nada (Wu wei - No acción. Traductor = traidor). El vacio, el espacio, lo que no hacemos, la no intervención... Todos estos conceptos que afectan al arte, tambien lo hacen en las relaciones interpersonales, al asesoramiento escolar, la terapia, psicopedagogía, etc. Forman parte de nuestra vida cotidiana, como la sutil tarea de educar. O me paso o no llego. Una vez una profesora desde su experiencia y sensibilidad me dijo: " educar, es como tener un pajarito en la mano, tienes que protejerlo sin apretar demasiado, y tienes que saber cuando hay que ir liberandolo para que vuele solo" Me resuena aquí la paradoja Piagetiana: o les enseñas demasiado pronto y no están maduros, por lo tanto no lo pueden aprender, o lo enseñas demasiado tarde y ya no hace falta. La maduración, según Piaget, precede al aprendizaje, aunque probablemente, él y aún más Vigotski suponen que ambas van juntas y que un binomio enseñanza - aprendizaje adecuado, tambien tira del desarrollo y por tanto ayuda a madurar. Asi que conceptos como Sunyata o Wu wei. Son elementos que forman parte de la reflexión y de la práctica profesional. No intervenir es la norma, (Wei wu wei. Hacer la no acción), cuando "hacer" es desactivar al otro, asumir tareas o responsabilidades que pertenecen al otro. No acción, como norma de respeto a el poder y la responsabilidad del otro, respeto a su capacidad y a sus recursos. Una ayuda adecuada y proporcinada, la mínima ayuda posible. Y aprender a trasladar y descubrir el poder en el alumno, en los padres, en los profesores,. Permitir, al que nos pide ayuda descubrir su enorme caudal de posibilidades. El vacio y la no acción son lineas fuerza que deben guiar nuestro trabajo, sobre todo en las profesiones de "Ayuda, asesoramiento, psicoterapia, educación" Es facil caer en la trampa que describe fantásticamente la terapeuta familiar Mara Selvini en su libro "El mago sin magia" Es lamentablemente fácil acumular y llenar la mochila de estrategias que adornen nuestro ego profesional, creernos poseedores de la verdad y pensar que el señalamiento que los demás nos hacen como expertos nos ayudará a parecer útiles en un contexto tan complejo, como el educativo, como el de las dificultades escolares, NEEs, como el de las relaciones escuela familia o el de los "trastornos o psicopatologías" y demás etiquetas. Cuidadín, cuidadín...

"Si consideramos la pintura Zen, nos sentimos tambien impresionados por su sencillez, por el despojamiento. En las obras Zenga se encuentra la influencia espiritual del Tch'an chino. La pintura suele ser simple, tan solo unas cuantas líneas y manchas. Se indica sólo lo esencial y se elimina todo elemento decorativo u ornamental; estas obras reflejan tambien una gran serenidad. La pintura Zenga, como la caligrafía zen refleja el espíritu Sabi. Estas obras son ante todo, el resultado del ejercicio espiritual, de la meditación. Existen varias técnicas utilizadas por los artistas Zen para ejecutar sus obras, una de las principales es el suiboku, donde se utiliza unicamente tinta china negra, esto nos recuerda una ánécdota zen:

Un día un Daimyo (un señor feudal) encargó a un pintor un kakemono para su tokonoma (un adorno para su sala del Te) ;y pidío al artista que le pintara bambues, pues éste era un maestro en este tipo de motivos. Cuando se le entregó el rollo y lo desplegó, vío que verdaderamente era una maravillosa obra de arte, pero el artista había utilizado tinta china roja. El Daimyo dijo al maestro:
-¿Quién ha visto alguna vez bambues encarnados? Y el pintor contestó:
-¿Cómo quería usted que los pintara?
-Negros, naturalmente, dijo el Daimyo.
-¿Y quien ha visto alguna vez bambúes negros ? le contestó el artista."


(SABI-WABI-ZEN. El Zen y las artes japonesas. Raymond Thomas. Edita Visión Libros.)


Algunos conceptos en estos vínculos:
http://www.nematollahi.org/revistasufi/leertex.php?articulo=18
http://www.temakel.com/galeriajapon.htm
http://es.wikipedia.org/wiki/Sumi-e



















"Todo cuanto se ha dicho sobre la influencia del ch'an en la pintura china, se aplica naturalmente, a la influencia del zen sobre la estética japonesa. Pero, el temperamento japonés, su sensibilidad por la Naturaleza y su sentido cósmico de la unidad total del universo permitieron a los conceptos zen penetrar mucho más profundamente en el alma de los artistas. La nueva doctrina transformó las ideas, las creencias, las actitudes del pueblo japonés; y no sólo fue modificado el arte, sino que el modo de vida, y la cultura se impregnaron también de la nueva ideología. Los guerreros, los samurais, adaptaron su código de honor militar, el Bushido, a los principios severos y austeros del zen. Los jardines reflejaron, en su cuidado, la búsqueda de la paz búdica. La ceremonia del té, típicamente zen, fue un ritual simple, pero de gran sutileza, para reunir en torno a él a los espíritus refinados. Durante más de seiscientos años, los ideales religiosos del budismo zen dirigieron el alma japonesa y la impregnaron profundamente. El sinto y el zen forman los fundamentos psicológicos del pensamiento nipón y explican su comportamiento y sus reacciones ante la vida, incluso en la época actual.
Pintura de Sessuhu
La pintura fue la más bella expresión de estos ideales metafísicos; se volvió a los temas estéticos de la pintura china sumi-e, a la aguada, a la tinta del período Sung. Por otro lado, el período Muromachi fue una época de renacimiento artístico y religioso que favoreció intensamente la propagación cultural. Los monjes-artistas de los cincos grandes monasterios zen imitaron en un principio las obras chinas, pero después las trasformaron según el genio propio de su raza. Las aguadas, suiboku, de Mokuan (siglo XIV) muestran la tendencia japonesa de representar personajes conocidos: monjes y ermitaños, siguiendo en esto uno de los rasgos permanentes de este arte. La rigidez de los retratos del período Kamakura desapareció gracias a la intensa vida interior y la excelente técnica de los artistas. Cabe citar al monje zen Josetsu (siglo XV), cuyas aguadas quieren provocar el satori, voz técnica zen que significa el choque de la liberación espiritual. Este choque puede producirse después de un acto sin importancia en una persona en estado de "sobresaturación espiritual" provocado por un largo período de meditación dirigida. La pintura zen quiso reproducir estos momentos psicológicos al tiempo que los sugería.
Su discípulo Shubun, del monasterio zen, de Shokoku-ji, superó a su maestro por la técnica y la profundidad de su arte; los rostros de sus personajes poseen una vida extraordinaria que pone al descubierto sus íntimos sentimientos. Pero, el gran maestro de este período fue, sin duda alguna, el monje Sesshu (1420-1506) (ver en galería imagen 11) , quien estudió las aguadas monocromas en China y estableció después en Yamaguchi, Japón. Esencialmente fue un paisajista; su estilo varió mucho y a menudo utilizó varias técnicas de aguadas en una misma obra. Creó una pintura abstracta zen, en la que la simplificación de la forma es casi total; Sesshu quizo provocar la iluminación interior, simbolizar el estallido espiritual del alma humana por la presión de la contemplación; sus pinturas, de trazos picados, contrastados, de contornos indefinidos, recuerdan a menudo los dibujos vanguardistas de la pintura occidental.
Sus discípulos Sesson (1504-1589), Hakuin (1685-1786) y Sengai (1751-1837) entre otros, siguieron esta tradición de la pintura metafísica por medio de la aguada que aún permanece viva en nuestros días. Puede admirarse, por ejemplo, en la obra del maestro moderno Yokoyama Taikan (1868-1959).
La influencia de la doctrina zen con su sobriedad y su interés por la Naturaleza se encuentra en el arte de los jardines japoneses de esta época. La aparente pobreza de medios, la simplicidad, la pureza de líneas se utilizaron en la edificación de la pequeña casa de té y en el jardín que la rodea. Los más grandes artistas zen diseñaron jardines acordes con las reglas del budismo y empezaron por los parques que rodeaban los monasterios; el más célebre es el del templo del Rysan-ji, en Kioto. Los principales elementos del jardín zen se obtienen únicamente de la Naturaleza y, a primera vista, son los más "vulgares": piedras recubiertas de musgo, árboles, un pequeño estanque, plantas corrientes. Algunos se reducen sólo a rocas y arena fina, en un intento artístico de obtener lo abstracto (ver galería imagen 8). En el jardín japonés todo se reduce a lo esencial y todo es simbólico; la presencia del sinto recorre esa naturaleza que, en pocas palabras, ofrece la refinada belleza de sus formas y de sus colores. Todo es cuestión de ambiente, de sensaciones estéticas, de evocación interior. El efecto es sorprendente: en medio de los ruidos y de la agitación del mundo, el jardín zen, por su economía de medios, la armonía de la disposición de sus elementos, la utilización sabia y refinada de la Naturaleza, es un lugar de paz, de recogimiento y de meditación: principios que busca el budismo zen.

(El arte oriental, Jean Riviere, Biblioteca salvat.)

2 comentarios:

  1. Esta maravilla y el Shodo, la caligrafía. Espontaneidad.

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  2. http://www.japones.cl/?q=circulo_zen.html

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